Filosofía de la Danza
Por Miguel Reynaga
*Texto seleccionado de la Convocatoria Leer, escribir y danzar, una propuesta de la Cátedra Gloria Contreras que surgió al inicio de la pandemia por COVID-19, en el mes de abril 2020. La convocatoria consistió en desarrollar un escrito reflexivo a partir de cuatro lecturas sobre filosofía e investigación de la danza, promoviendo así la lectura, escritura y participación del público.
Foto de Brenda Hernández Reyes. Archivo fotográfico del proyecto Incrustaciones (2021-2022) de la Cátedra Gloria Contreras.
¿Qué es la Danza? es una pregunta que sigue vigente a través de los años. Valéry hace bien al señalar a la danza como una acción, análoga a la acción de declamar un texto y con ello hacerlo poesía (2001), pero ¿es la acción el detonante de toda actividad artística? En la música el manipular un instrumento, en las artes plásticas accionar con elementos físicos como pintar o esculpir y en el ahora performance o arte acción, es la misma acción el objeto de toda la disciplina, aún no instalada en todos los espacios de arte. ¿Por qué una acción puede ser arte? ¿De qué forma tiene que ser ejecutada la acción para que pueda ser arte?
En la actuación se habla de lo extra-cotidiano como condición de las acciones para proyectar energía de una forma diferente. Entonces ¿es el hecho de hacer una acción de forma extra-cotidiana lo que le da el estatus de arte? Pues si bien todas las acciones que detonan en arte pueden realizarse físicamente con el debido entrenamiento o aprendizaje, es lo extra-cotidiano del evento lo que puede darle un efecto artístico. Pero ¿quién decide qué es lo extra-cotidiano? ¿Tiene que ser una figura con poder o cualquiera puede decidirlo? Me gustaría asumir que no es necesario un actor externo para enunciar que algo es extra-cotidiano, sino que surge en el momento en que dicha acción es llevada a cabo inadvertidamente; es decir, no es una acción ex profeso o ex post facto para el mantenimiento del metabolismo o la vida orgánica del individuo.
La anterior definición de acción extra-cotidiana tiene intención de discrepar con la idea funcionalista de Valéry, al señalar que las acciones en el arte no tienen una direccionalidad o funcionalidad aparente a los ojos de las corrientes de pensamiento imperantes – como lo era en la época de Valéry y que, actualmente, en pleno 2020, persisten con el modelo neoliberal. De tal manera, las acciones son visibilizadas desde una óptica de resultados mensurables ante ojos capitalistas, razón por la cual las acciones de animales no-humanos no son capaces de entenderse bajo sistemas hegemónicos de pensamiento, que igualmente impactan a la danza y demás disciplinas artísticas.
Así como es útil la ciencia básica, la filosofía o las acciones performáticas, es útil el accionar de la danza, y no pensada como una utilidad mercantil o capitalista, sino como una utilidad ulterior. Sin embargo, estas acciones sí dependen, en gran medida, de que ciertos factores de la vida del individuo en cuestión se encuentren cubiertos, pues podemos no estar de acuerdo con el modelo neoliberal, pero vivimos en él, por lo cual, resultará más fácil hacer danza para alguien que tiene tres comidas aseguradas al día. O lo que se llama en zoología, las tres “S”, seguridad (casa), saciedad (comida) y sexo (reproducción o placer). Un ser con las tres S cubiertas será alguien que podrá acercarse más fácilmente a hacer acciones extra-cotidianas. Esto aplica tanto para animales humanos, como para animales no humanos. Prueba de ello, es la forma particular en la que encontramos comportamientos en cautiverio que no encontramos en la vida salvaje. Lo mismo pasará con la danza, depende de que el individuo que ejecute la danza cuente también con las tres S, aunque no necesariamente de forma reconocida o visibilizada, pues el animal humano es voraz.
La anterior explicación es aplicable a la danza clásica como a la danza moderna y contemporánea, pues como señala Cunningham, todas las expresiones dancísticas comparten principios primigenios como el espacio y el tiempo (2013). De este modo, la gravedad resulta un eje unificador de la danza, ya sea utilizada como transporte activo (en contra de) o pasivo (a favor de).
Bajo el contexto anterior, ¿qué es entonces la danza? La danza es una acción extra-cotidiana que genera un espacio efímero con cierta temporalidad determinada o arbitraria. Es decir, sucede algo similar a lo que sucedió durante el Big Bang, a partir de la Nada, a través de una fluctuación cuántica aleatoria, se formó el Universo. De una manera similar, en la Nada espacial de un escenario, los bailarines son capaces de generar fluctuaciones aleatorias que propician un espacio donde pasa algo, o bien, multiversos escénicos en donde, como señala Cunningham, todo se encuentra influyendo sobre lo otro (2013). Es decir, en la danza existe una conexión análoga a la de cualquier sistema complejo, que es difícil desmenuzar en cada una de sus partes, y que, al desmenuzarlas, se pierde la objetividad de apreciación sistémica.
Esto es aplicable a todas las artes que, con sus acciones extra-cotidianas, generan un espacio particular. En su especificidad, el movimiento o inacción del cuerpo a favor o en contra de la gravedad genera espacios con tonos atmosféricos diversos; esto a partir de la intención, técnica o musicalidad utilizada. Estos últimos tres elementos pueden ser prescindibles, puesto que la danza puede existir sin importar la técnica, la diversidad de intención o la música. De esta forma, es el cuerpo quien genera la danza a través de la espacialidad, a veces cuántica, que se construye con su proceder.
Fuentes consultadas.
Cunningham, Merce. “Espacio, tiempo y danza”. Lecturas sobre danza y coreografía. Ed. Amparo Écija, Isabel de Naverán. Madrid: Artea, 2013. 178-181.
Valéry, Paul. "Filosofía De La Danza." Revista De La Universidad De México. Trad. Kena Bastien Van Der Meer, vol. 602-603, 2001, pp. 45-50.
Foto de Brenda Hernández Reyes. Archivo fotográfico del proyecto Incrustaciones (2021-2022) de la Cátedra Gloria Contreras.